ClaroscuroEl sombrerero con diagnóstico
El Conejo Blanco, heraldo del tribunal. Ilustración de John Tenniel.

Loff Quotes

30 de octubre de 2024 · 6:04

Lo que quise decir

Habla de la extraña sensación de vivir a través de los personajes que invento, hasta el punto de que mi propia realidad se vuelve borrosa. Es el precio de crear mundos ajenos mientras el mío propio parece desvanecerse.

La escribí en octubre de 2024.

Letra

Me adentro en tu mente sin avisar
(sin avisar)
Cambiando sombras por luz, no titubear
Niniaaaaaa, yo veo las esferas titilaaaaar
(titilar)
Un viaje oscuro quiero iniciaaaaar
(y terminar)
Despierta dentro tu chispa ha de brillaaaaaar
(brillar)

Encarnado en unos entes ficticios, con fugaces descensos de las nubes, transcurre la existencia del narrador inventándose otros "yos", de forma que cuando medita o escribe, está abstraído, desconectado de la realidad. Y no sólo cuando medita o escribe. Cuando pasea, cuando conversa, incluso cuando duerme, el novelista no se piensa ni se sueña a sí mismo; está desdoblado "en otros seres" actuando por ellos. ¿Cuántas veces el novelista, traspuesto en fecundo y lúcido duermevela, no habrá resuelto una escena, una compleja situación de su novela? Tendrá entonces que producirse en la vida particular del narrador una emoción muy fuerte (el nacimiento de un hijo, la enfermedad o la muerte de un ser querido) para que este estado de enajenación cese, al menos circunstancialmente.

Pero esos otros seres que el creador crea son seres inexistentes, de pura invención, mas el escritor se esfuerza por hacerlos parecer reales. De ahí que mientras dura el proceso de gestación y redacción de una novela, el narrador procura identificarse con ellos, no abandonarlos un solo instante. El problema del creador en ese momento es hacerlos pasar por vivos a los ojos del lector y de ahí su desazón por identificarse con ellos. En una palabra, el desdoblamiento del narrador le conduce a asumir unas vidas distintas a la suya pero lo hace con tanta unción, que su verdadera existencia se diluye y deja en cierta medida de tener sentido para él.

La imaginación del novelista debe ser tan dúctil como para poder intuir lo que hubiera sido su vida de haber encaminado sus pasos por senderos que en la realidad desdeñó. En cada novela asume papeles diferentes para terminar convirtiéndose en un visionario esquizofrénico. Paso a paso, el novelista va dejando de ser él mismo para irse transformando en otros personajes. Y cuando éstos han adquirido ya relieve y fuerza para vivir por su cuenta, otros entes, llamados a ocupar su puesto en diferentes obras, bullen y alimentan en su interior reclamando protagonismo.

Éste ha sido, al menos, mi caso en tanto que narrador.

Me adentro en tu mente sin avisar
Cambiando sombras por luz
Mi amor, yo veo las esferas titilar
Un viaje oscuro hace años inicié
Para despertar dentro, con mi chispa brillé (y brillo)