Lo que quise decir
Canto a la paciencia: lo bueno fermenta despacio, como la masa madre. Es un jazz rap tranquilo, de club pequeño.
La escribí en octubre de 2026.
Letra
(despacito... despacito...)
Mi vecina tiene una masa madre de treinta años,
la alimenta cada noche como a un gato o a un rebaño:
harina, agua, tiempo y un paño de cocina,
y la masa sube sola cuando nadie la vigila.
Yo quería pan en diez minutos, pan de microondas,
el amor en un mensaje, la verdad en dos rondas,
y ella me miró por encima de las gafas:
«Hijo, lo que vale no se sube con prisas, se levanta».
Lo bueno tarda,
lo bueno fermenta,
lo bueno se hace
sin que te des cuenta;
deja que suba,
no abras el horno,
que el pan y la pena
se hacen a su manera.
Los olivos de mi pueblo tienen siglos de paciencia,
dan aceituna a su ritmo, sin pedirle nada a la ciencia,
y yo aquí refrescando la pantalla cada rato,
como si mirar la olla hiciera hervir el plato;
el café se hace de gota, la amistad de muchos años,
y un barrio, de mil saludos en portales y en los bancos.
Lo bueno tarda,
lo bueno fermenta,
lo bueno se hace
sin que te des cuenta;
deja que suba,
no abras el horno,
que el pan y la pena
se hacen a su manera.
«¿Y cuánto tarda?», le pregunté a la vecina.
«Lo que tarde, hijo», y siguió con la harina.
Lo bueno tarda,
lo bueno fermenta,
lo bueno se hace
sin que te des cuenta;
deja que suba,
no abras el horno,
que el pan y la pena
se hacen a su manera.
(despacito... despacito...)

