Lo que quise decir
Describo la sensación de encontrar algo que devuelve la esperanza, como el olor a ropa limpia que me recuerda a alguien especial. Es un momento de calma donde la luz y la sombra conviven en paz.
La escribí en septiembre de 2024.
Letra
con un olor de quitar sentido,
mezcla de pera, durazno y limón,
que no era– me dijo– en modo alguno,
preludio de un sabor, sino la esencia,
es más, la quintaesencia del olor.
Un sublimado casi artificial
sin parangón alguno, era una fruta
que contenía aún la flor en sí,
era algo que te daba la certeza
de que volvía la luz tras el invierno,
era el sol y la luna al mismo tiempo,
como un enigma capaz de encarnar
a los dos astros de la vida humana.
Y en ese instante comprendió el secreto
que escondía el olor a ropa limpia
que había percibido él en la piel
de Masha, la pálida hija de Bosnia.
El fruto mitológico encerraba
una promesa de resurrección,
mostraba un vínculo entre el amarillo,
el color llamativo de la vida,
y el negro luto que llevaba ella.

