Lo que quise decir
Hablo de la horca de ahora: con un dedo te borran, sin juicio y sin nadie que te defienda. Es un drill oscuro y frío.
La escribí en octubre de 2026.
Letra
(un dedo... un dedo...)
Antes te ahorcaban en la plaza con un cura y un tambor,
ahora basta con un dedo, un pulgar y un borrador;
no hay juez, no hay juicio, no hay abogado ni perdón,
hay una multitud con prisa y un botón;
te conocían de años, te sentaban a su mesa,
y un martes no te conocen, como quien cambia de empresa;
nadie te pregunta, nadie te mira a la cara,
te bloquean, te silencian, y el móvil ni se para.
Un dedo y te borran,
un dedo y no estás,
un dedo y la gente
que te quiso ya no está;
un dedo y te borran
sin ver lo que hay detrás:
en el pueblo el loco tiene nombre,
aquí eres un usuario más.
El que pulsa se acuesta con la conciencia planchada,
mañana pulsa a otro, que la plaza nunca se cansa;
yo me equivoqué, lo sé, lo dije mal y a destiempo,
pero entre el error y la horca debería haber un tiempo:
un café, una pregunta, una mano en el hombro,
alguien que te diga «te has pasado» sin hacerte escombro,
que detrás de cada cuenta hay un pueblo entero,
con su madre, con su perro, con su miedo y su agujero.
Un dedo y te borran,
un dedo y no estás,
un dedo y la gente
que te quiso ya no está;
un dedo y te borran
sin ver lo que hay detrás:
en el pueblo el loco tiene nombre,
aquí eres un usuario más.
Dicen en los pueblos que la lengua no tiene hueso
pero rompe huesos;
ahora ni hace falta lengua:
basta con un dedo.
Un dedo y te borran,
un dedo y no estás,
un dedo y la gente
que te quiso ya no está;
un dedo y te borran
sin ver lo que hay detrás:
en el pueblo el loco tiene nombre,
aquí eres un usuario más.
(un usuario más... un usuario más...)

