Lo que quise decir
Canto a la libertad que pesa: nadie va a elegir por mí. Es un punk-ska rápido y rabioso.
La escribí en octubre de 2026.
Letra
¡Una, dos, tres, cuatro!
Dijiste «no me quedó otra»
y te quedaban cuarenta:
la puerta, la ventana,
la escalera, la vuelta,
decir que no, quedarte,
ponerte la chaqueta;
pero es más fácil decir
que lo eligió la tormenta.
¡Condenados a elegir!
Ni el horóscopo, ni el jefe,
ni la suerte, ni el destino,
ni la madre que me parió:
¡condenados a elegir!
Me tiemblan las piernas,
pero elijo yo.
En el borde del barranco
me tiemblan las piernas solas,
nadie me empuja, nadie,
y ahí está la cosa:
podría saltar,
podría volverme,
y es tanto lo que puedo
que da miedo moverme.
¡Condenados a elegir!
Ni el horóscopo, ni el jefe,
ni la suerte, ni el destino,
ni la madre que me parió:
¡condenados a elegir!
Me tiemblan las piernas,
pero elijo yo.
Un francés con pipa y un ojo que miraba de lado
lo dejó escrito en un café: condenados a ser libres;
yo lo grito con los dos ojos y sin tabaco...
¡Una, dos, tres, cuatro!
¡Condenados a elegir!
Ni el horóscopo, ni el jefe,
ni la suerte, ni el destino,
ni la madre que me parió:
¡condenados a elegir!
Me tiemblan las piernas,
pero elijo yo.
¡Elijo yo!

