Lo que quise decir
Cuento cómo voy aprendiendo a alguien igual que se aprende un idioma, palabra a palabra y con errores. Mezcla un bolero de los de siempre con rap de los noventa.
La escribí en octubre de 2026.
Letra
(un ratico... un ratico...)
Llegué a tu boca sin diccionario,
con frases de turista y el mapa al revés;
tu «vale» tenía siete significados
y tu «nada», bien dicha, quería decir «ven».
Apunté tus gestos en la servilleta de un bar,
las comas de tu risa, las tildes al bostezar,
el «-ico» de tu tierra, que lo hace todo chico:
el miedo, la distancia, el lunes... un ratico.
Ya no te traduzco,
te hablo sin pensar,
se me escapa tu acento
al pedir el pan;
hablamos tú y yo
una lengua menor
que solo saben dos
y no la entiende Dios.
Me sé tus irregulares: tu «quiero» es «tengo frío»,
tu «perdóname» es «¿cenamos?», tu «te echo de menos», «¿qué tal?»;
hay palabras sin traducción en ningún otro sitio,
como el ruido de tus llaves cuando estás por llegar;
tu futuro es imperfecto, tu pasado lo llevo puesto
y el presente, si te quedas, se conjuga en plural.
Ya no te traduzco,
te hablo sin pensar,
se me escapa tu acento
al pedir el pan;
hablamos tú y yo
una lengua menor
que solo saben dos
y no la entiende Dios.
Dicen que hubo una lengua con dos últimos hablantes
que por un rencor de viejos no se hablaban entre sí;
nosotros somos los dos de la nuestra: grítame, llámame, cántame,
pero no me dejes solo con un idioma para mí.
Ya no te traduzco,
te hablo sin pensar,
se me escapa tu acento
al pedir el pan;
hablamos tú y yo
una lengua menor
que solo saben dos
y no la entiende Dios.
(un ratico... un ratico...)

